'La Leona'

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'La Leona'

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dc.contributor.other Julian Arcas es
dc.contributor.other Stefano Grondona es
dc.coverage.spatial Vicenza, Italy es
dc.date.accessioned 2012-07-28T02:07:43Z
dc.date.available 2012-07-28T02:07:43Z
dc.date.copyright 2004 es
dc.date.issued 2012-07-27
dc.identifier.uri http://hdl.handle.net/123456789/229
dc.description.abstract La madrugada del 17 de octubre de 1855 un joven guitarrista de veintidós años embarcó en el vapor de guerra de la Armada Española, Santa Isabel, con rumbo a Genova, donde fondeó la tarde del 19 de octubre. El buque cumplía una misión de Estado: devolver a España a los Duques de Montpensier la Infanta Luisa Fernanda, hermana menor de la reina Isabel II, y su esposo, Antonio María de Orleans, hijo de los reyes de Francia - y apenas permaneció un mes, tiempo suficiente, sin embargo, para que el guitarrista ofreciera dos conciertos en el flamante Teatro Apollo que se había inaugurado en 1853. Era el principio de la carrera internacional de Julián Arcas (1832-1882), que culminaría en la temporada 1862-63 con una serie de conciertos interpretados en Inglaterra con asistencia de lo más granado de la aristocracia filarmónica inglesa. Desde entonces, hasta al menos 1870, Arcas fue el guitarrista español más relevante y el concertista más activo de uno de los tiempos peor conocidos y maltratados de la his¬toria de la guitarra española. Un tiempo en el que habían llamado más la atención las románticas extravagancias de | un guitarrista como Trinidad Huerta o la ingente producción musical y didáctica de Antonio Cano y Tomas Damas que el concertismo serio y las obras selectas de Arcas. Hoy parece ya meridianamente claro que, después de la muerte de Aguado en diciembre de 1849 y antes de que a finales del siglo XIX se formara el mito de Francisco Tárrega, el principal guitarrista de la escena española no fue otro que Julián Arcas. La actividad concertístiea que desarrolló Arcas en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XIX fue formidable y le llevó, desde los magníficos salones del Rey del Palacio de Brighton o la Apsley House lujosa resi¬dencia londinense del Duque de Wellington -, hasta los del Conservatorio de Madrid, cuya junta directiva le nom¬bró "Maestro honorario" en la primavera de 1865; desde el mediterráneo Teatro Apollo de Genova, hasta el Balneario de Panticosa en las alturas del Pirineo aragonés o las serranías malagueñas de Antequera, una encrucija¬da de caminos donde la muerte cortó sus pasos una tarde invernal de 1882. No había cumplido los cincuenta años de edad, se encontraba, por tanto, en la madurez más plena, en el inicio de una nueva gira de conciertos que nunca terminó. Su existencia quedó incompleta y la mayor parte de sus obras, manuscritas e inéditas, pasaron a su her¬mano Manuel, cantante profesional de ópera y zarzuela que no se ocupó de editarlas. Sólo cuando falleció Manuel. Su viuda dio los manuscritos al principal editor barcelonés quien sacó a la luz, entre 1891 y 1892, dos senes de composiciones que incluyen toda la música que conocemos de Arcas. Ni el guitarrista pudo cuidar esta publicación de su obra, ni ésta podía alcanzar a finales de siglo el efecto que tuvo a mediados: Arcas pasó del recuerdo de quie¬nes le conocieron al olvido. Hoy es el momento de recuperarle para la historia de la guitarra, porque Arcas prota¬gonizó indiscutiblemente unas décadas que, de otro modo, quedarían inexplicadas. Mientras duró su imperio, el poder de fascinación de Arcas sobre los auditorios más diversos alcanzo cotas de leyenda. La prensa decimonónica española registró y comentó con entusiasmo actuaciones suyas en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, Granada, Gerona, Córdoba, Valladolid, Palma de Mallorca, Tarragona, ¡Murcia, Logroño, Jerez de la Frontera, Sabadell. No cabe duda: antes de Andrés Segovia, Arcas debió ser el concertista de guitarra más ampliamente oído en España. ¿Dónde residía la capacidad de Arcas para encantar a los públicos más numerosos jamás congregados antes en España para escuchar conciertos de guitarra? La respuesta a ! esta pregunta implica un ejercicio de imaginación, historia y análisis cuyas conclusiones me gustaría presentar en estas notas. Primero, su aspecto. Elegante, por el cuello de un traje aparatoso y grueso asomaban los rasgos proporcionados de un rostro aniñado oculto tras la reciedumbre de un mostacho muy poblado. Ojos ehisposos. inteligentes, cuerpo menudo y airoso, la figura de Arcas reflejaba el perfecto equilibrio entre virilidad y ternura que veremos exacta¬mente expresado en la música de algunas de sus mejores obras. En segundo lugar, la seriedad en el toque. Un crítico londinense advirtió la actitud impertérrita de Areas ejecutan¬do las mayores dificultades técnicas sobre su instrumento. Tal vez el crítico inglés recordara los conciertos de Giulio Regondi (1822-1872) como niño prodigio de la guitarra y el círculo de influencia de Nicoló Paganini (1782-1840) con su violinismo demoniaco, o el guitarrismo excesivo y casi circense de Huerta. Frente a ellos, la digna apostura, la madurez y noble seriedad de Arcas significaba una actitud nueva cuyo referente en el campo del vio-lín no es otro que Joseph Joachim (1831-1907) o, en esa misma línea, el virtuoso español Pablo Sarasate (1845-1908) que. precisamente, había compartido en 1855 una de sus primeras actuaciones públicas con Arcas. Hasta aquí los componentes visuales que podemos deducir de su concertismo. Pero las claves del éxito de Arcas estarían más bien en la amplitud y calidad de su repertorio -en una serie de siete conciertos interpretados en 1870 en el plazo de un mes en Málaga, el guitarrista programó nada menos que treinta y cinco obras distintas- y en la manera en que lo interpretaba. Con respecto a esto último, el sonido de la guitarra de Arcas, su técnica, su fraseo... son algunos de los aspectos más inaprensibles, uno de los terrenos más resbaladizos para el historiador, donde la documentación histórica es más morosa y frustrante. En cualquier caso, la estrecha afinidad de Arcas con el gran-dísimo constructor de guitarras Antonio de Torres, o su relación con una guitarra mítica como La Leona que tene¬mos el privilegio de volver a escuchar en esta grabación haciendo la mejor música del tiempo en el que fue crea-da, son elementos que demuestran claramente la preocupación de Arcas por el sonido y el desarrollo tecnológico de su instrumento. Sabemos además que Arcas pulsaba con yema, no con uña. y que apoyaba, dos aspectos del máximo relieve en la producción del sonido que nos informan de una calidad redonda y grande, y sus partituras muestran un músico atento a las articulaciones tanto como a las dinámicas. La infinidad de críticos que escribieron acerca de él describen un concertista templado y seguro, expresivo sin necesidad de caer en los extremos del ras¬gueo ni del excesivo vibrato, con un rango dinámico muy notable y una elocuencia capaz de suscitar pasiones que iban desde la emocionada conmoción del alma hasta la risa franca en ciertas imitaciones grotescas que hacía en La gallegada, una obra, seguramente improvisatoria, que no conservamos. El poeta revolucionario cubano José Martí (1853-1895) - 'mártir de la Revolución"-, buen aficionado a la guitarra, describía en 1880 el efecto del concertis¬mo de Arcas con las siguientes palabras: "Cuando Arcas ejecuta sus atrevidas concepciones, el corazón se turba y el oido se encanta" ("la corte de España", The Sun, 28 de junio de 1880). es
dc.description.tableofcontents Fantasia sobre El Paño, o sea, Punto de la Habana (Introducción: Andante moderato, Più mosso, tema, Variaciones 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, Final-- Bolero-- Polaca fantástica (dedicada a D. Joaquin Codorníu)-- Andante-- Fantasia: El Delirio (Allegro vivo, Allegro, a tempo, Tema (andante), Variaciones 1ª, y 2ª, Allegro, Più mosso-- Colección de Tangos (Compuestos y dedicados á su querido amigo el aficionado guitarrista D. Aquilino García por D. Julian Arcas), Introducción (andante moderato), Tango No. 1 (Aire de Tango), No. 2, No. 3, No. 4, No. 5, Se vuelve a decir el No. 1 como final-- Rondo (dedicado a Hilarión Eslava)-- Andante y Estudio (de Prudent) ; Andante quasi adagio, Estudio (Allegro presto)-- es
dc.format.medium 1 CD Rom (58 min., 28 seg) : Stereo 4 3/4 plg es
dc.language.iso en_US es
dc.rights Uninorte F.M Estéreo es
dc.subject.lcc 57401646 es
dc.subject.lcsh Guitar music, Dance music es
dc.title 'La Leona' es
dc.title.alternative Guitar Works es
dc.title.alternative Obras para Guitarra es
dc.language.rfc3066 eng es
dc.rights.holder Stradivarius es
dc.identifier.classification 8011570336927 es
dc.subject.cdu Arcas.01 es


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1. Fantasia sob ... ea, Punto de la Habana.wav 6:12 62.54Mb WAV audio wav
2. Bolero.wav 1:54 19.21Mb WAV audio wav
3. Polaca fantá ... a D. Joaquin Codorníu).wav 5:40 57.27Mb WAV audio wav
4. Andante.wav 6:57 70.15Mb WAV audio wav
5. Fantasia - El Delirio.wav 13:24 135.2Mb WAV audio wav
6. Colección de Tangos.wav 8:59 90.69Mb WAV audio wav
7. Rondo (dedicado a Hilarión Eslava).wav 8:36 86.84Mb WAV audio wav
8. Andante y Es ... - Andante quasi adagio.mp3 4:36 6.314Mb Unknown mp3
9. Andante y Es ... Estudio allegro presto.mp3 1:47 2.449Mb Unknown mp3
Andante y Estudio (de Prudent) - Completo.wav 6:20 63.91Mb WAV audio wav

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